Premio "Mi ciudad colonial",Trinidad-Cuba- Premio "Casatintas 2001".Miembro del T.F.L "Onelio J.C."

jueves, 28 de junio de 2012

"La espera" Fragmentos...

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                                                           Nunca imaginó que el paso del tiempo, fuera a reducirlo groseramente como una hoja seca de las que hay a montones por la avenida. Es extraño, pero todavía Marcos no se acostumbra a ver sus pupilas negras desde las sombras; desde un espejo que no le miente y le hace recordar que la enfermedad sin misericordia lo lleva de la mano hacia el polvo, porque sólo tiene 25 años y no hay nada que hacer.
 Abre sus manos cada mañana y susurra a las paredes palabras de aliento que tienten a seguir; pero es triste contemplar su mirada, incluso en aquel recinto repleto de libros y discos trovadorescos que se pierden por los rincones más posibles. Marcos, día tras día se debate entre el pesar más azul y la desesperación más tenue, aunque la vida continúa. Ya no importan las frases escritas en las paredes, ni los cuadros de Ponce o Fabelo; tampoco la dedicatoria de Alicia, que aún mantiene una rosa amarilla en el borde de la roída madera. Era tiempo pasado o perdido en una memoria sin fin, sin puerto...
Cada mañana indaga nuevos detalles sobre esta enfermedad, pregunta a desconocidos y no hay respuestas.-" Marcos, ¿dónde andas?", se repite infinidad de veces. -"La vida se me va conformando por una gran ausencia y no quiero".  Lo escuché cada mañana, cuando tenía que limpiar las habitaciones del hospital, sentía su miedo. Al parecer está a punto de quebrarse cuando siento pasar las horas, cuando siento que la soledad ya no puede desplazarse de aquella habitación blanca, donde su madre narró infinidades de leyendas que resuenan aún por las paredes. Hace tiempo que no viene a visitarle, no lo entiendo, pero la vida me ha enseñado que no hay que condenar sin escuchar la realidad de todas las partes. Marcos nunca entendió  por qué le tuvo que pasar a él, y frente a esto yo no tuve respuestas. Observo una foto descolorida de Marcos, en la que aparecía de pequeño con una sonrisa borrosa, no por el tiempo pasado; sino por la falta de dientes y las ganas de reír, por supuesto.
Al tiempo regresaría a mi hogar, a mis costumbres familiares; pero claro nada volvería a ser como antes, años perdidos en laberintos inconclusos, nuestra isla de Cuba seguía de un verde insospechado. Con sus mismas callejuelas de piedras, sus antiguas casas coloniales, sus tejados; pero algo diferenciaba. Marcos se veía en el espejo como un hombre maduro a pesar de ser tan joven, una contradicción, y el hecho de abandono no radicaba en el perdón de las cosas. Su madre de repente fue un ser desconocido y nada pudo hacer.
Ahora pasan los días, sumergiéndole en calores intensos por la fiebre, delirando el aroma de las hierbas amargas. Perdiendo lo que pudiera florecer o recordar. Mientras los gestos a la intemperie, conmovían el rostro más duro sin lograr detener lágrimas en la tarde. La que se inclinaba al tedio y al cansancio de horas sostenidas en pie, al acecho de síntomas que no acaban, no llegan al silencio...

4 comentarios:

  1. Muy bueno macho. Escribes muy bien. El único que me parece un poco demasiado íntimo y menos literario es el primero. Los tres últimos dan ganas de leerse toda la novela. Abrazote!

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  2. Muy Bueno Eloy, me gusta mucho como escribes, consigues que te atrape la historia!!! un abrazo!

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  3. Querido, no sabes cuanto me alegra haberte encontrado. Tienes un talento maravilloso, peor más que eso es la belleza de alma que te ilumina.
    Me encanta tu manera de escribir y tu forma de ser.

    Aquí me tienes como una miembro más de tu "haren" incondicional de amigas.
    Sigue así que eres de los buenos.

    Un abrazo cariñoso de esta poeta que acabas de conocer.
    Amparo Parra

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